martes, 15 de septiembre de 2015

Hablemos claro




Generalmente, son las sesiones de consultorio las que me llevan a escribir los artículos de este blog sobre desarrollo personal, porque semanalmente veo a mucha gente que está trabajando sobre sí misma, creciendo y eso me aporta mucho material de escritura, en otras palabras, me da mucho de qué hablar… Pero en esta vez, me tocó a mí  protagonizar situaciones que me aportaron material de escritura…  ¿Y de qué podría hablar alguien como yo sino de comunicación, de comunicación sana, de vínculos, de relaciones, si es esa el área más frondosa de mi vida…?

¿Te pasó que decís algo y no te entienden, o peor, que entienden cualquier otra cosa…?
Y vos pensás “no, no es eso lo que digo.. digo lo que digo...no lo que estás entendiendo” 
o bien… “no es lo que me pasa… yo sé lo que me pasa, no es lo que me estás diciendo, es lo que te estoy tratando de explicar…”
pero no… Aun así... no resulta...
¿Te pasó que no lográs hacerle comprender al otro por qué hacés lo que hacés, o vivís como vivís?
No es cosa fácil…
No es fácil porque cada uno tiene su propio mundo desde el cual se comunica
y desde el cual aprecia al otro y a la vida,
sin embargo hay algunas pautas básicas para que una comunicación funcione,
y si bien es necesario que las dos personas las tengan en cuenta, para que la comunicación fluya,  cada uno es responsable de hacer lo mejor que puede de su lado…


Pero porqué mezclo comunicación y relaciones -son dos temas muy amplios y da para desarrollarlos por separado-, sencillamente porque una buena comunicación favorece las relaciones sanas, sencillamente porque la comunicación es el camino para llegar al otro, y en ese feedback de palabras, intenciones, gestos y silencios, creamos un lugar común, un lugar único. Allanamos las diferencias, establecemos los valles y las fronteras, pero sobre todo, es en la comunicación, donde nos encontramos…

Acá voy con las pautas, esos benditos tips que favorecen los encuentros entre dos mundos, sin que haya conquista ni guerra ni devastación… Sin que haya intromisión ni avasallamiento, sino todo lo contrario un compartir respetuoso de corazón a corazón…


    Decí lo que sientas con claridad. No esperes que el otro suponga o lea entre líneas. A veces simplemente no puede, pero de todos modos no tiene por qué hacerlo. Generalmente, la falta de claridad genera conflictos;  decir una cosa esperando que el otro entienda otra o entienda más de lo que se dice suele traer más problemas que soluciones.

      No supongas. No des nada por sentado.  

     Pregutá lo que quieras saber. Si el otro no te está dando toda la información que necesitás para comprender algo, es probablemente porque crea que no la necesitás. Si necesitás saber más: preguntá.


     Elegí las palabras con cuidado pero sobre todo, con amor. Establecé una relación directa entre el mensaje y el receptor de la siguiente manera: mientas más duro o difícil sea el mensaje, más cuidadoso deberás ser con el que lo recibe.

    Hablá de lo que te pasa a vos no de lo que creés que le sucede al otro. No uses nunca frases como “porque vos sos tal o cual cosa…” o “vos siempre hacés esto otro…”  optá mejor por “cuando hacés eso A MI me pone así…”“cuando me decís eso YO siento tal cosa..”  Por lo general somos buenas personas haciendo lo que podemos con lo que sentimos, y lo mejor que podemos hacer es explicarle al otro lo que nos pasa a nosotros para que nos comprenda, en lugar de decirle cómo es...


     No juzgues. Siguiendo la línea del punto anterior, comprendé que nunca vas a conocer al otro más de lo que el otro se conoce a sí mismo. Aunque creas que sabés lo que le pasa, lo que le está sucediendo tiene que ver con su historia, con sus experiencias... con su forma de concebir la vida. Lo que percibís, en el mejor de los casos, es sólo una aproximación de lo que es, y en todos los casos, equivocado o no, tiene derecho a concebir el mundo a su manera. Reemplazá el juicio por el deseo de conocerlo, y el esfuerzo de cambiarlo por el de aceptarlo como es.  

      Viví el presente. No traigas a la conversación viejas historias.


    Perdoná. Si no perdonaste lo que sucedió –o dejó de suceder- en el pasado, no podrás seguir adelante, y la comunicación (el encuentro de dos mundos) no tiene sentido en este caso.

    Pedí lo que necesites con claridad. No esperes que el otro te dé lo que necesitás. El otro puede tener necesidades distintas y no saber qué es lo que querés, o puede estar convencido que te lo está dando. Nuevamente, hablá con claridad.


     Decí la verdad. Toda. Lo que calles te pertenece, uno es dueño de su silencio dijo Aristóteles, pero lo que calles no te vincula.

      Sé consecuente. Sobre todas las cosas, sé consecuente. Buscá que haya coherencia entre lo que sos y lo que expresas…  porque esa armonía es lo único que puede hacer que el otro, confíe que lo que decís, que confíe en que las decisiones que tomas están en orden con tu ser, y sé consecuente porque es lo único que te va a traer paz interior, aun cuando la comunicación falle.


De todos modos, tené en cuenta que la comunicación es una experiencia maravillosa que se vive de a dos (al menos de a dos) y que uno solo, nunca alcanza para generar un encuentro…  Y trabajá duro sobre vos mismo, porque como te darás cuenta, comunicarte -encontrarte verdaderamente con el otro, generar un espacio común para ser con otro-, requiere mucha honestidad, grandeza,  humildad y amor.




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