jueves, 2 de octubre de 2014

El arte nos sana

Muchas veces la sociedad naturaliza situaciones, hechos o modos de vida, que no son naturales. El arte se ha ocupado, a lo largo de toda la historia -pero sobre todo durante el siglo XX, a través de lo que se conoce como Las Vanguardias-, de aportar una perspectiva transgresora, de ir más allá de lo establecido, de proponer formas nuevas, otras miradas... porque el arte resignifica el mundo y se permite repensarlo a la luz de la sensibilidad del hombre. De la misma manera que la sociedad ha naturalizado modos de vida tóxitos, en algunas oportunidades, lo hemos hecho nosotros también con nosotros mismos y en nuestras relaciones; en esas oportunidades no sufrimos por lo que nos sucede, sino por como significamos lo que nos sucede, es decir, por la mirada, el enfoque que atraviesa los hechos, las situaciones o nuestro propio modo de vida. Si tuviésemos la posibilidad de observar nuestro mundo interior manifestado en una expresión artística, veríamos este momento que vivimos desde una perspectiva nueva. Una perspectiva, generada a la luz de nuestra propia sensibilidad. Porque el arte muestra lo que hay en lo profundo, lo que el ojo no ve. En el arte se puede ver revelada una necesidad de cambio, la causa de una enfermedad, un proceso de crecimiento, el modo de resolver situaciones conflictivas con el entorno o las marcas que nos han dejado algunas experiencias, incluso si no las recordamos. En el arte, nos proyectamos. La obra viene a ser una metáfora de lo que somos, de una parte de nuestro mundo interior que aflora para ser tenida en cuenta. La expresión artística nos ayuda a sacar fuera todo lo que hay en el interior, mostrándonos nuevos rumbos, otras posibilidades, capacidades no desarrolladas, propósito de vida, verdades interiores, deseos reprimidos que están pujando por manifestarse… En el proceso creativo, participan todas las zonas del sujeto (cuerpo, pensamientos, emociones, influencia del entorno, experiencias vividas, propósito de vida…) entonces, cuando éste hace arte, está en el momento presente, expande los límites de la consciencia e integra cuerpo-mente. Este proceso (creativo) es sanador en sí mismo. Nos desarrolla naturalmente, y nos da la posibilidad de observarnos en la obra, como si esta fuese un espejo de nuestro mundo interior, un espejo que captura nuestra subjetividad nos ayuda a sanar conscientemente las causas y a reelaborar los significados que hemos establecido y se han cristalizado, muchas veces tornándose dañinos para nosotros mismos. 




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